La viticultura heróica y el paisaje de La Axarquía

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La Axarquía es un lugar único. Y sí, está mal que nosotros lo digamos. Pero de verdad, es así. 

Una zona cuya geografía, encerrada entre montañas, se extiende al norte por las Sierras de Camarolos, Jobo, Sierra de Alhama y Sierra Tejeda; al sur por el mar Mediterráneo; al este por la Sierra de Almijara; y al oeste por los Montes de Málaga. La belleza se hace patente en esta comarca de la D.O.P Sierras de Málaga a través de una vegetación y una geografía montañosa singular.

Y es muy cerca de su histórica capital, Vélez-Málaga, en las tierras de Almáchar, donde se extienden los viñedos que dan forma a los vinos de nuestra bodega. Zonas como Monte Faco, Tierras de El Borge, Navarrete, la zona del denominado Pago Villazo o el paraje de los Jibares, es donde crecen nuestros viñedos de Garnacha, Moscatel, Doradilla y la Pedro Ximenez, en viñedos en vaso de secano abriéndose paso en localizaciones realmente complejas para practicar una viticultura heróica.

Porque La Axarquía es un terreno duro. Esquistos de pizarra, viñedos de más de 50 años de secano en vaso en pendientes que en algunas zonas, pueden llegar a rondar los 70% de desnivel. Un lugar prohibido para cualquier maquinaria, ya que se superan los límites de seguridad debido a las abruptas pendientes, además de tratarse de muy pequeñas explotaciones familiares, y es aquí donde entra el trabajo de los animales, las mulas, de las que hemos hecho emblema, y por supuesto, las manos de los recolectores que, en un trabajo agotador, recogen el fruto que dará forma a nuestros vinos.

 ¿Qué es la viticultura heróica?

La viticultura heróica hace referencia al cultivo de viñedos bajo unas condiciones de extrema dificultad. Las cepas están dispuestas en parcelas de gran pendiente, mayor al 30% en todos los casos para ser así considerada y por encima de los 500 metros por encima del nivel del mar, lo que ofrece un paisaje que aunque de gran dureza para el agricultor, de enorme belleza paisajística. Además debe emplearse el uso de variedades de uva autóctonas, que son las más adaptadas a las climatologías extremas de cada región.  En Europa, menos del 1% de los viñedos responde a estas peculiaridades.

En la Axarquía, donde está documentado el vino desde el siglo VI a.c, el trabajo artesanal está presente en todas las etapas del cuidado de la vid, desde la poda hasta la vendimia, donde ayudados por animales o a vivo peso, cada hombre transporta al hombro cajas de 12 kg de peso por las inclinadas pendientes de nuestros viñedos.

Una zona única para lograr vinos únicos.